Adenotomía combinada con amigdalotomía en niños
Cuando un niño duerme durante años con la boca abierta, ronca y sufre constantemente infecciones otorrinolaringológicas, los sprays y enjuagues por sí solos ya no son suficientes. Adenotomía combinada con amigdalotomía en niños Este procedimiento se considera cuando el agrandamiento de adenoides y amígdalas interfiere con la respiración y el sueño normales. El objetivo del procedimiento no es eliminar todo lo innecesario, sino restaurar la respiración nasal, un sueño reparador y una audición normal del niño.
¿Qué es esta operación?
Las adenoides son amígdalas nasofaríngeas (un grupo de tejido linfoide en la profundidad de la nasofaringe) que apoyan el sistema inmunitario, pero que, al agrandarse, obstruyen la respiración nasal. Las amígdalas palatinas son dos estructuras ovaladas a los lados de la faringe que, al inflamarse crónicamente, se agrandan y causan frecuentes dolores de garganta. La cirugía combinada implica la reducción de las amígdalas nasofaríngeas y palatinas en un solo procedimiento.
La amigdalotomía es la extirpación parcial de las amígdalas, que elimina el exceso de tejido y deja una parte funcional. Esta opción se elige cuando es importante preservar la función protectora de la amígdala, a la vez que se aborda la inflamación crónica y el estrechamiento de la faringe. La decisión sobre el tipo de cirugía la toma un cirujano otorrinolaringólogo pediátrico, teniendo en cuenta la edad del paciente, los síntomas y los resultados de la exploración.
Indicaciones de cirugía combinada
Las personas no buscan cirugía después de su primer dolor de garganta ni por una rinorrea que dura una semana. Suele ser un proceso a largo plazo, con tratamientos como aerosoles, enjuagues y pastillas ya probados, que solo producen resultados temporales.
Las razones para considerar la cirugía combinada pueden incluir:
• dificultad grave para respirar por la nariz, ronquidos y episodios de apnea del sueño;
• frecuentes infecciones de oído, pérdida de audición, quejas de “oídos tapados” y falta de atención en clase;
• 5 o más amigdalitis al año o inflamación prolongada de las amígdalas con mal aliento;
• respiración constante por la boca, boca abierta durante el sueño y durante el día, fatiga rápida.
Después de evaluar estos factores y examinar al niño, el médico analiza con los padres si la cirugía proporcionará un alivio real y duradero.
¿Cuándo conviene concertar una cita con un médico otorrinolaringólogo?
Los padres suelen esperar que los problemas desaparezcan por sí solos y solo acuden al cirujano cuando su hijo duerme mal, se cansa fácilmente y se distrae. Es mejor consultar con un otorrinolaringólogo para una evaluación presencial cuanto antes, en cuanto los síntomas empiecen a interferir con las tareas escolares, el sueño y las actividades diarias.
Los motivos de consulta pueden ser:
• ronquidos fuertes y sueño inquieto, despertares frecuentes durante la noche;
• respiración principalmente por la boca, boca seca por la mañana, dolores de cabeza;
• voz "nasal", dificultad para hablar, quejas de que el niño tiene mala audición;
• agrandamiento notable de las amígdalas, que estrechan visualmente el lumen de la faringe;
• la sensación de que el niño está enfermo casi todo el tiempo y tiene dificultades para afrontar el estrés.
Durante la cita, el médico examina la nasofaringe, las amígdalas y los oídos y decide si es necesaria una cirugía combinada o si se puede continuar con una terapia conservadora.
Cómo se realiza la operación y se llevan a cabo los pasos de preparación
La adenotomía y amigdalotomía combinadas se realizan en niños solo tras un examen exhaustivo. Generalmente, se prescribe un hemograma completo, un coagulograma (prueba de coagulación), un electrocardiograma y, si es necesario, consulta con otros especialistas. Es importante descartar infecciones agudas y exacerbaciones de enfermedades crónicas para reducir los riesgos.
La preparación para la cirugía generalmente incluye:
• una conversación con un cirujano otorrinolaringólogo y un anestesiólogo (médico anestesista) para analizar el alivio del dolor y los riesgos;
• limitar la ingesta de medicamentos que afecten la coagulación, de acuerdo con el médico;
• adherencia a un régimen de ayuno: sin alimentos durante 6-8 horas, sin agua durante 2-4 horas antes de la anestesia;
• explicarle con calma al niño que se quedará dormido y se despertará después de la operación;
• Monitoreo del estado general y temperatura en los días preoperatorios.
La cirugía se realiza bajo anestesia general; el niño está dormido y no percibe el procedimiento. El cirujano extirpa la amígdala nasofaríngea agrandada y reduce parcialmente el tamaño de las amígdalas palatinas, a menudo mediante técnicas endoscópicas (una cámara montada en un instrumento delgado para una inspección visual precisa). Tras el procedimiento, el niño es trasladado a una sala, donde el personal médico monitoriza su respiración, pulso y nivel de dolor.
Restricciones y recuperación
Durante las primeras horas y días posteriores a la cirugía, el niño puede estar aletargado y somnoliento, con dolor de garganta o dificultad para tragar. Esta es una reacción esperable y se controla con analgésicos según lo prescrito por el médico. Durante las primeras 24 horas, se debe alimentar al niño con alimentos blandos y tibios, priorizando los líquidos y las comidas blandas.
Durante el período de recuperación, generalmente se recomienda:
• limitar los juegos activos, correr y saltar durante 1-2 semanas;
• evitar alimentos, bebidas, baños y saunas muy calientes;
• asegurarse de que el niño no se toque la boca y la nariz con las manos y no se “revise” la garganta;
• acudir a los controles a la hora señalada;
• Informe inmediatamente a su médico sobre temperatura alta, sangrado o deterioro repentino de la salud.
La recuperación completa suele tardar entre varios días y un par de semanas. A medida que progresa la recuperación, los padres notan que su hijo duerme mejor, respira con mayor facilidad por la nariz y se enferma con menos frecuencia.
Total
La adenotomía y amigdalotomía combinadas en niños no es un procedimiento "por si acaso", sino una solución bien pensada para problemas respiratorios y de sueño graves, así como infecciones frecuentes. La cirugía ayuda a eliminar la obstrucción crónica y la inflamación que agravan la enfermedad.
La decisión de proceder se toma tras exámenes y una consulta presencial con un cirujano otorrinolaringólogo pediátrico y un anestesiólogo. Cuando los padres comprenden el propósito de la cirugía y el proceso de recuperación, su hijo puede afrontar esta etapa con mayor facilidad. Con las indicaciones correctas y el cumplimiento de las recomendaciones, la cirugía combinada ayuda a restablecer la respiración, el sueño y la vida diaria normales, reduciendo la carga de los innumerables problemas otorrinolaringológicos.








