La administración estadounidense ha comenzado a debatir los parámetros de un posible acuerdo con Teherán, con el objetivo de limitar la intensidad de las hostilidades y reconducir el conflicto hacia la vía diplomática. Según The Wall Street Journal, que cita fuentes informadas de la Casa Blanca, Washington prevé un avance significativo en el proceso de negociación en los próximos días. Pakistán sigue siendo el principal punto de contacto, donde las partes intentan encontrar un compromiso que permita frenar la escalada en Oriente Medio. Según informes de los medios estadounidenses, Donald Trump inicialmente consideró la campaña militar simplemente como un poderoso instrumento de presión diseñado para alterar el equilibrio de poder global, pero ha rechazado sistemáticamente cualquier propuesta que pudiera ocasionar un número injustificadamente alto de bajas entre el personal militar estadounidense.
Un momento clave en la estrategia del presidente estadounidense fue su rechazo categórico a los planes para tomar y controlar la isla iraní de Kharg, de importancia estratégica. Trump argumentó que los soldados estadounidenses en la isla se convertirían en blancos fáciles para las fuerzas iraníes, lo cual era inaceptable en el contexto de la operación en curso. Al mismo tiempo, el jefe de Estado expresó su profunda insatisfacción con la postura de sus aliados europeos, acusándolos de falta de apoyo tras el derribo del avión estadounidense y la muerte de los pilotos. A pesar de la dura retórica, la operación se considera un éxito dentro de la administración, ya que el objetivo principal —la contención del programa nuclear iraní— se logró mediante ataques selectivos contra infraestructura, cuya efectividad el presidente supervisó en tiempo real.











