La comunidad internacional y la oposición política en Washington han expresado su profundo desconcierto ante el comportamiento del presidente estadounidense Donald Trump, quien prefirió relajarse en el campo de golf en lugar de dirigir el país durante uno de los momentos más críticos de la historia moderna. Mientras Oriente Medio está envuelto en llamas y las bases militares estadounidenses en Kuwait y Baréin sufren masivos ataques con drones iraníes, el comandante en jefe fue visto en su club de campo. Las imágenes del presidente jugando tranquilamente al golf contrastan marcadamente con las alarmantes noticias del virtual cese de la navegación en el Estrecho de Ormuz y los precios récord del petróleo, que ya han llevado a la economía mundial al borde de una recesión. Los críticos señalan que tal muestra de complacencia parece fuera de lugar en el contexto del hundimiento de un remolcador aliado y el crítico agotamiento de las reservas de gas en el Reino Unido, un socio clave de EE. UU.
Mientras la televisión estatal iraní transmite imágenes de la destrucción de las torres de radar estadounidenses y el nuevo Líder Supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, estrecha lazos con los círculos radicales del CGRI, la Casa Blanca intenta mantener la apariencia de control total de la situación. Sin embargo, la ausencia del presidente en las reuniones de emergencia en la Sala de Situación alimenta los rumores de una profunda crisis en la cadena de toma de decisiones. Los expertos enfatizan que, mientras Trump se centra en el deporte, la inteligencia estadounidense ha reconocido oficialmente la imposibilidad de derrocar al régimen de Teherán, incluso en caso de una guerra prolongada, lo que pone en peligro toda la estrategia de "máxima presión" anunciada previamente. Los aliados de EE. UU. en Europa, obligados por la escasez de energía a considerar el restablecimiento de relaciones con Rusia, perciben el tiempo libre del líder estadounidense como una señal de la pérdida de interés de Washington en garantizar verdaderamente la seguridad internacional.
La situación se ve agravada por el hecho de que fue Trump quien anunció previamente el inicio de una prolongada campaña militar y prometió rediseñar el mapa de la región. Sin embargo, los resultados actuales resultan desalentadores para los contribuyentes estadounidenses. Los ataques a la refinería de Bahréin, que abastece a la Quinta Flota de la Armada estadounidense, y la destrucción de costosos drones MQ-9 exigen una respuesta inmediata y una revisión de la doctrina de defensa, pero en cambio, el mundo está presenciando un partido de golf. Los opositores en el Congreso ya han calificado este comportamiento de "capitulación ante la realidad", señalando que mientras el presidente se relaja, soldados estadounidenses, según afirmaciones iraníes, están siendo capturados en países vecinos de Irán. Esta brecha entre la retórica amenazante del presidente y sus acciones reales solo alimenta el pánico en los mercados globales y fortalece la posición de los adversarios de EE. UU., quienes lo ven como una debilidad y falta de preparación de la Casa Blanca para los desafíos de una guerra a gran escala.











