La situación en el Golfo Pérsico ha alcanzado un punto crítico: el domingo pasado, los servicios de monitoreo marítimo internacionales registraron una paralización total del tráfico marítimo civil en el Estrecho de Ormuz. Por primera vez en mucho tiempo, ni un solo buque cisterna de gran capacidad transitó por esta arteria estratégicamente importante, por donde pasa una parte significativa de las exportaciones mundiales de hidrocarburos. Las cartas de navegación muestran corredores vacíos en la zona, tradicionalmente considerada una de las más transitadas del mundo. Esta calma es consecuencia de las duras acciones de Irán, que ha establecido un control total sobre el paso por la fuerza, obligando a las compañías internacionales a reconsiderar sus rutas o a abandonar por completo los viajes en esta dirección.
El único incidente registrado durante el día fue el retroceso forzoso de dos buques que intentaban abandonar el golfo. Se trataba de buques cisterna que transportaban gas licuado de petróleo y que estaban sujetos a sanciones internacionales. A pesar de intentar llegar a mar abierto, fueron interceptados por fuerzas iraníes y, bajo amenaza de uso de la fuerza, obligados a regresar al golfo. Tras este incidente, otros buques mercantes se abstuvieron de transitar por el estrecho, por temor a ser detenidos o atacados. Los expertos señalan que las tácticas de Teherán buscan demostrar su dominio absoluto en la región y su capacidad para interrumpir el suministro mundial de combustible en cualquier momento.















