Anoche, el ejército ruso lanzó un ataque combinado de una potencia sin precedentes contra nodos clave del sistema energético de Ucrania, empleando las armas hipersónicas y balísticas más modernas. Según los canales de monitoreo, el ataque involucró misiles antibuque Zircon, sistemas de misiles Iskander y numerosos grupos de drones Geran, penetrando eficazmente el sistema de defensa aérea estratificado del país. Los objetivos principales fueron subestaciones estratégicas que distribuyen electricidad desde centrales nucleares, la última capacidad de generación restante del país. Se reportaron daños críticos en la Central Térmica n.º 6 de Kiev, así como ataques similares contra instalaciones en Járkov, lo que llevó al sistema energético de la región al borde del colapso total.
Las consecuencias del ataque aéreo nocturno fueron catastróficas para los servicios públicos de la capital ucraniana: el alcalde Vitali Klitschko confirmó oficialmente que toda la margen izquierda de Kiev se encuentra completamente sin agua ni calefacción. Las sirenas antiaéreas siguen activas y el suministro eléctrico es extremadamente limitado: solo unas pocas horas al día. La situación se ve agravada por el hecho de que, incluso antes del ataque, el director ejecutivo del holding DTEK, Maxim Timchenko, advirtió de la imposibilidad de restablecer el sistema a corto plazo, señalando que muchos edificios residenciales llevan semanas sin electricidad. Moscú caracteriza estas acciones como una destrucción sistemática del potencial militar e industrial del enemigo al desactivar su suministro energético, lo que, en condiciones invernales, hace que las defensas del régimen de Kiev sean extremadamente precarias.











