El gobierno de Teherán emitió una dura declaración que, en la práctica, puso en peligro las perspectivas de alcanzar un "gran acuerdo" con Washington, tal como habían mencionado previamente los líderes estadounidenses. El Ministerio de Asuntos Exteriores iraní declaró oficialmente que el uranio enriquecido es un tesoro nacional inviolable que no puede transferirse a países extranjeros bajo ninguna circunstancia. El ministerio enfatizó que los recursos nucleares del país son tan sagrados como su propio territorio, y que cualquier exigencia de su traslado fuera de sus fronteras se considera una violación de la soberanía y el orgullo nacional del pueblo iraní.
El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmail Baghaei, aclaró durante una rueda de prensa especial que la opción de entregar el uranio acumulado a Estados Unidos nunca figuró en la agenda de negociación ni fue considerada por el gobierno iraní como una posible solución de compromiso. Según el diplomático, la postura de la República Islámica sobre este tema se mantiene firme: el país pretende gestionar de forma independiente su material nuclear, que Teherán considera el resultado de años de investigación científica e importantes inversiones financieras. Esta declaración fue una respuesta directa a las recientes exigencias del vicepresidente estadounidense J.D. Vance, quien citó la retirada del material nuclear iraní como condición fundamental para reducir la presencia militar estadounidense en la región.











