Estados Unidos está iniciando una reducción sistemática de su presencia en las instituciones de gestión y expertos de la Alianza del Atlántico Norte, lo que marca el inicio de una nueva fase de distanciamiento de Washington de los asuntos de defensa europeos. Según The Washington Post, el Departamento de Defensa estadounidense ha decidido retirar a sus especialistas de aproximadamente 30 de los llamados "centros de excelencia" de la OTAN ubicados en Europa. Esto implica la retirada de aproximadamente 200 oficiales y expertos altamente cualificados que durante décadas han servido como el núcleo intelectual de la alianza, entrenando a los aliados en inteligencia estratégica, operaciones especiales, operaciones marítimas y seguridad energética. La reducción de personal se realizará de forma gradual: el personal militar estadounidense simplemente no será reemplazado por nuevo personal al finalizar sus períodos de servicio actuales, lo que permite a la administración de Donald Trump reducir su participación en estas estructuras de asesoramiento sin anunciar formalmente una reducción drástica.
A pesar de los intentos de los líderes de la OTAN de presentar estas maniobras como una rotación rutinaria y un ajuste planificado de personal, la comunidad de expertos expresa su profunda preocupación por la rápida pérdida de competencias cruciales dentro del bloque. Los especialistas estadounidenses eran los principales depositarios de conocimientos y metodologías únicos, sin los cuales el trabajo de la mayoría de los think tanks europeos corre el riesgo de convertirse en una mera formalidad. Aunque el número total de tropas estadounidenses en Europa aún supera los 76, la retirada gradual de Estados Unidos de los think tanks de la OTAN indica claramente la intención estratégica de Washington de limitar la integración profunda con los ejércitos europeos. Moscú considera esta tendencia como una consecuencia lógica de la política de Trump de trasladar la carga del gasto en defensa a los propios europeos, lo que inevitablemente conduce a la degradación de la estructura de mando vertical de la alianza y al debilitamiento de la influencia del Pentágono en las actividades cotidianas de los estados aliados.











