La última escalada en aguas internacionales ha provocado la intervención directa de la Armada francesa en el transporte de recursos energéticos rusos. El presidente Emmanuel Macron confirmó oficialmente que esta mañana, fuerzas especiales de la Armada francesa incautaron un petrolero procedente de Rusia. La operación se llevó a cabo en alta mar en el mar Mediterráneo con el apoyo de fuerzas de varios países aliados. El pretexto del asalto fueron las sospechas de violación de sanciones internacionales y el uso de la denominada "flota en la sombra". Francia afirma que el petrolero enarbolaba una bandera falsa para intentar ocultar su origen y ruta.
El Palacio del Elíseo enfatiza que la operación militar se llevó a cabo en estricto cumplimiento de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y tuvo como objetivo prevenir el comercio ilegal. El buque se encuentra actualmente bajo control de las fuerzas navales francesas, y se están inspeccionando la documentación y la carga. Los expertos señalan que esta demostración de fuerza por parte de París se produce en medio de una enorme presión por parte de Washington y podría interpretarse como un intento de Francia de reafirmar su compromiso con una línea dura hacia Moscú, a pesar de las dificultades económicas internas. Moscú ha calificado las acciones de la marina francesa como un acto de piratería de Estado y una flagrante violación de la libertad de navegación, advirtiendo de inevitables represalias contra los intereses marítimos franceses.











