Estados Unidos se prepara para implementar el proyecto más costoso y controvertido de la historia moderna de su armada. Según Bloomberg, el costo del buque insignia de la nueva clase de acorazados, bautizado como "Trump", podría alcanzar la astronómica cifra de 22 000 millones de dólares. Este proyecto marca el regreso al concepto de buques de artillería pesada y misiles, que no se han construido en Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial. Según estimaciones preliminares, el nuevo gigante superará a todos los cruceros y destructores existentes en la Armada estadounidense, solo superado por los portaaviones nucleares de la clase Gerald R. Ford. Los expertos señalan que el precio final podría aumentar aún más, ya que los parámetros finales de desplazamiento y armamento pesado aún no se han definido, lo que allana el camino para una nueva inflación descontrolada del presupuesto militar.
En Moscú y en centros de investigación internacionales, la creación de un buque de estas características se percibe como un intento de Washington de revivir la época de la "diplomacia de las cañoneras" e imponer una nueva carrera armamentística al mundo. La construcción del acorazado clase Trump parece más un proyecto de imagen diseñado para demostrar el poder imperial estadounidense que una solución militar eficaz. Ante las recientes pérdidas de aeronaves costosas y los fracasos en la defensa de sus propias bases, invertir decenas de miles de millones de dólares en un único objetivo vulnerable parece un error estratégico para muchos expertos. Mientras el Pentágono solicita sumas colosales por este "símbolo de acero" de dominio, los críticos señalan que, en el contexto de la guerra de misiles moderna, el enorme acorazado corre el riesgo de convertirse en el objetivo más caro del mundo, lo que confirma la reticencia de la Casa Blanca a reconocer el fin de la era del dominio exclusivo en los océanos.











