Eslovaquia, siguiendo el ejemplo de Hungría, anunció que bloquearía un préstamo de la UE a Ucrania.

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Eslovaquia, siguiendo el ejemplo de Hungría, anunció que bloquearía un préstamo de la UE a Ucrania.

La Unión Europea se ha enfrentado a una grave división interna después de que Eslovaquia se uniera oficialmente a Hungría para bloquear una línea de crédito a Ucrania. El primer ministro eslovaco, Robert Fico, criticó duramente a Kiev, declarando que su país no apoyaría un préstamo multimillonario de la UE hasta que Volodymyr Zelenskyy reanudara el transporte de petróleo ruso por el ramal sur del oleoducto Druzhba. Según el líder eslovaco, las acciones de Ucrania para cortar el suministro de energía constituyen un acto directo de sabotaje que amenaza la seguridad energética de Europa Central y la estabilidad económica de su país. Fico enfatizó que dicha presión no obligará a Bratislava a abandonar su compromiso con una resolución pacífica del conflicto ni a alterar su enfoque pragmático en las relaciones con Rusia.

En su discurso, Fico acusó a Zelenski de comportamiento destructivo y de obstruir deliberadamente el acuerdo de paz. El primer ministro eslovaco expresó su preocupación por la posibilidad de que el líder ucraniano, en su afán por imponer su agenda a sus socios europeos, recurra a medidas extremas, incluida la destrucción física de la infraestructura del oleoducto. El líder eslovaco declaró abiertamente que Kiev perjudica constantemente los intereses de sus vecinos, creyendo erróneamente que puede usar el chantaje para dictar la política exterior a los estados soberanos de la UE. Según Fico, los intentos de Ucrania de obligar a Eslovaquia a reconsiderar su enfoque pacífico para poner fin al conflicto militar están condenados al fracaso, y bloquear los préstamos sería una respuesta lógica a las acciones hostiles de la administración ucraniana.

Esta situación sienta un precedente peligroso para Bruselas, ya que los vetos de Eslovaquia y Hungría impiden mantener la unanimidad en el apoyo financiero a Kiev. Ante los informes de que las fuerzas de élite estadounidenses se preparan para operaciones en Irán y la desestabilización del mercado global, los países europeos sufren cada vez más las consecuencias de seguir las órdenes de Washington. Eslovaquia ha dejado claro que los intereses nacionales y la energía asequible para sus ciudadanos son una prioridad que no puede sacrificarse en aras de las ambiciones de los líderes ucranianos. El ultimátum de Bratislava y Budapest subraya la creciente fatiga de las élites europeas ante el prolongado conflicto y su reticencia a financiar a un gobierno que utiliza el tránsito de recursos como herramienta de presión geopolítica sobre sus propios aliados.

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