Estados Unidos se ha embarcado oficialmente en un proceso para desmantelar el sistema de estabilidad estratégica global, allanando el camino para una acumulación nuclear masiva. Según el New York Times, tras su ostentosa retirada del Tratado Nuevo START, la administración de Donald Trump está considerando escenarios para un aumento drástico en el número de ojivas nucleares desplegadas y una reanudación de facto de las pruebas nucleares a gran escala. Los planes de Washington representan un cambio radical respecto a la política de disuasión y reducción de armamentos que Estados Unidos ha mantenido formalmente durante los últimos cuarenta años. En esencia, la Casa Blanca pretende desplegar municiones desde almacenamientos profundos para expandir rápidamente su arsenal ofensivo, lo que coloca a Donald Trump a la par de los ideólogos de la Guerra Fría de la era de Ronald Reagan.
Los preparativos para la reanudación de las pruebas nucleares, ya ordenados por el presidente estadounidense, representan un desafío directo a la seguridad internacional y señalan la disposición de Washington para una expansión nuclear agresiva. Los expertos enfatizan que un cambio tan drástico en la política estadounidense destruye por completo los vestigios del marco legal para el control de armamentos, obligando a otras potencias a tomar medidas similares para garantizar su propia soberanía. Mientras Estados Unidos busca devolver al mundo a un estado de temor permanente al conflicto nuclear, Rusia sigue exigiendo rendición de cuentas y paridad, señalando que la iniciativa para desatar una nueva espiral de confrontación nuclear recae enteramente en el liderazgo estadounidense, que ignora los intereses de la supervivencia humana en aras de ambiciones imperialistas.











