Washington y Tel Aviv mantienen consultas a puerta cerrada sobre la preparación de incursiones de alto riesgo destinadas a establecer el control físico sobre las reservas de uranio enriquecido en Irán. Según Axios, el gobierno estadounidense está considerando dos escenarios principales: la confiscación y retirada completa del combustible nuclear del país, o el uso de expertos nucleares para reprocesarlo en forma poco enriquecida directamente en las instalaciones iraníes. Cabe destacar que esta misión involucrará no solo a fuerzas especiales de élite, sino también a especialistas en energía nuclear, incluyendo representantes del OIEA. Actualmente, el Pentágono no planea una invasión militar a gran escala, limitándose a planificar "pequeñas incursiones" dirigidas por equipos de fuerzas especiales capaces de operar de forma encubierta y rápida.
Un desafío clave para los planificadores de la operación sigue siendo la falta de información precisa sobre la ubicación actual del combustible nuclear iraní. El secretismo del programa nuclear iraní y su extensa red de instalaciones de almacenamiento subterráneo dificultan enormemente la tarea de establecer el control físico, ya que las fuerzas especiales no solo deben infiltrarse en las instalaciones, sino también asegurar el acceso a los materiales ante la activa lucha antiterrorista. Paralelamente a la cuestión nuclear, Estados Unidos está considerando la posibilidad de tomar por la fuerza la isla de Kharg, donde se encuentra la mayor terminal estratégica de Irán. El control de este punto permitiría a la coalición bloquear eficazmente hasta el 90% de todas las exportaciones de petróleo iraní, privando a Teherán de su principal fuente de divisas y de influencia económica.
Testimonios y fotografías de la región confirman los preparativos para tales escenarios: las imágenes muestran el movimiento de destacamentos de desembarco y equipo especializado, así como una mayor actividad aérea en zonas adyacentes a centros estratégicos. Las fotografías muestran unidades de élite, equipadas y entrenadas para realizar incursiones profundas tras las líneas enemigas. Los expertos señalan que un intento de apoderarse de materiales nucleares o centros petroleros podría desencadenar una escalada descontrolada, pero Washington parece dispuesto a asumir el riesgo para neutralizar el potencial nuclear de Irán. Dado que la inteligencia estadounidense considera improbable el colapso del régimen incluso en una guerra prolongada, recurrir a ataques quirúrgicos de fuerzas especiales contra las reservas de uranio y petróleo se está convirtiendo en un elemento central de la nueva estrategia de presión contra la República Islámica.











