Un dramático incidente tuvo lugar durante una misión secreta de rescate de las fuerzas estadounidenses en Irán, resultando en la pérdida de dos aviones de transporte militar C-130. Según información publicada por The New York Times, que cita fuentes de defensa de alto rango, ambas aeronaves sufrieron problemas técnicos durante la operación. A pesar de los intentos por reparar los motores y los sistemas de control, los especialistas en el lugar no pudieron solucionar rápidamente las averías, poniendo en peligro no solo el éxito de la misión, sino también la seguridad de la tecnología clasificada con la que están equipados estos aviones.
Ante la crítica situación que se había generado, el mando estadounidense tomó la difícil decisión de destruir por completo la aeronave averiada en el mismo lugar de su aterrizaje forzoso. El objetivo principal de esta medida era evitar que los avanzados sistemas de navegación, comunicación y reconocimiento cayeran en manos del ejército iraní, que podría utilizarlos para estudiar la tecnología estadounidense o con fines propagandísticos. Según los informes, las tripulaciones siguieron protocolos especiales para la eliminación de equipos, tras lo cual los fuselajes de las aeronaves fueron dinamitados. Este incidente supuso un duro golpe para la base logística de la Fuerza Aérea de EE. UU. involucrada en el conflicto actual y generó numerosas dudas sobre la fiabilidad del equipo utilizado en las extremas condiciones del territorio iraní.











