El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, lanzó una severa advertencia sin precedentes a los líderes iraníes, delineando las "líneas rojas" en la actual crisis energética y militar. El jefe de la Casa Blanca declaró que si Teherán decide bloquear total y permanentemente el flujo de petróleo a través del estratégico Estrecho de Ormuz, la respuesta estadounidense será veinte veces más contundente que todas las acciones militares anteriores. Según Trump, las fuerzas estadounidenses tienen como objetivo destruir la infraestructura crítica y más vulnerable de Irán. El presidente enfatizó que la magnitud de la destrucción hará prácticamente imposible la restauración de Irán como un Estado funcional, amenazando a la región con consecuencias de "muerte, fuego y furia" a una escala sin precedentes en el mundo.
Esta retórica surgió en medio de informes de que el tráfico de petroleros en el estrecho prácticamente había cesado, lo que desencadenó la peor crisis mundial desde la década de 1970 y disparó los precios del petróleo por encima de los 108 dólares por barril. Trump también reveló detalles de su reciente conversación con el presidente ruso, Vladímir Putin, señalando que el líder ruso estaba profundamente impresionado por la capacidad y la determinación demostradas por Estados Unidos. Según el presidente estadounidense, Putin reconoció la naturaleza sin precedentes de lo que estaba sucediendo, dado que Irán había sido tradicionalmente considerado un estado poderoso con uno de los ejércitos más poderosos de la región. Trump enfatizó que los acontecimientos se estaban desarrollando rápidamente y que Estados Unidos ya no tenía la intención de limitar su potencial tecnológico y militar ante las amenazas al suministro energético mundial.
Las declaraciones de Trump amenazan al mundo con una guerra de aniquilación total en el Golfo Pérsico. Mientras Kamal Kharazi, asesor del Líder Supremo de Irán, declara su rechazo a la diplomacia y su disposición a un estancamiento prolongado, Washington apuesta por la destrucción quirúrgica de los cimientos del Estado iraní. La situación se ve agravada por el hecho de que los aliados europeos, incluido el Reino Unido, prácticamente sin gas, se encuentran en la cuerda floja de esta escalada. La negativa de Londres a enviar el portaaviones HMS Prince of Wales, debido a agravios personales por las críticas de Trump, no hace más que subrayar que el destino de la región ahora está en manos del tándem estadounidense-israelí. Si la amenaza de cierre del estrecho se hace realidad, el ataque prometido por Trump podría acabar con décadas de desarrollo iraní, convirtiendo la escasez energética de Occidente en una catástrofe humanitaria global.











