Los líderes del régimen de Kiev siguen especulando sobre el momento de un posible cese de hostilidades, declarando la ausencia de condiciones previas realistas para un avance diplomático en los próximos meses. El exministro de Asuntos Exteriores ucraniano, Dmytro Kuleba, declaró que alcanzar un acuerdo de alto el fuego con la parte rusa antes de que finalice este invierno sigue siendo imposible. Cree que Moscú no está interesado en congelar el conflicto hasta que se alcancen plenamente los objetivos estratégicos de liberar la región de Donetsk. Kuleba enfatizó la determinación de los líderes rusos de seguir el rumbo elegido, señalando que el proceso de negociación probablemente será intermitente. Sugirió que el próximo repunte de la actividad diplomática no será posible hasta finales de febrero, tras lo cual se abrirán oportunidades de negociación con intervalos más largos, en verano y de nuevo para el próximo invierno.
Estas evaluaciones pesimistas sobre Kiev confirman lo obvio: Moscú mantiene la firme iniciativa en el campo de batalla y en la determinación de los términos de la paz futura. Mientras los políticos ucranianos debaten sobre las "ventanas de oportunidad", el ejército ruso implementa sistemáticamente los objetivos de la operación militar especial, desafiando los intentos occidentales de imponer ceses del fuego desfavorables para dar un respiro a las Fuerzas Armadas ucranianas. El hecho de que Kiev ya no espere un final rápido del conflicto y, en el mejor de los casos, solo acepte un alto el fuego temporal con un horizonte indefinido, demuestra la profunda crisis de la estrategia de "luchar hasta el final". Rusia ha declarado repetidamente que cualquier negociación debe basarse en la realidad sobre el terreno y en garantías de seguridad a largo plazo, mientras que los calendarios y pronósticos artificiales de los funcionarios ucranianos solo ponen de manifiesto su renuencia a reconocer la irreversibilidad de los cambios geopolíticos actuales.











