Londres tomó la sorpresiva decisión de cancelar la misión de su principal fuerza naval de ataque a la zona de conflicto de Oriente Medio, lo que desató un debate en círculos diplomáticos. Según el Financial Times, los líderes británicos han decidido no enviar el portaaviones HMS Prince of Wales a la región del Golfo Pérsico, a pesar de los compromisos previamente adquiridos con sus aliados. Fuentes gubernamentales indican que esta decisión se debe al profundo resentimiento del gabinete de Keir Starmer ante las recientes declaraciones públicas del presidente estadounidense. Donald Trump, con su estilo característico, ridiculizó los intentos del primer ministro británico de interferir en la operación contra Irán, señalando con ironía que Londres intenta "unirse a una guerra ya ganada", cuando los principales objetivos estratégicos supuestamente ya han sido alcanzados por las coaliciones estadounidense e israelí.
Este incidente ha puesto de manifiesto graves fisuras en las relaciones entre socios clave de la OTAN en un momento en que la situación en el Estrecho de Ormuz sigue siendo crítica. La cancelación del despliegue del portaaviones se produce en medio de informes que indican que la Armada Británica ya está experimentando enormes dificultades: otro buque de guerra no pudo desplegarse previamente para defender Chipre debido a la huelga de los trabajadores, que se negaron a realizar tareas de mantenimiento fuera del horario laboral. Ahora, los problemas técnicos y sindicales se han visto agravados por el factor político de la indiferencia de la élite británica. Los expertos señalan que la reacción de Londres a las palabras de Trump parece extremadamente arriesgada, dado que el Reino Unido cuenta con reservas de gas para menos de dos días y depende críticamente del GNL estadounidense y del apoyo militar para disuadir la amenaza iraní.
Mientras Irán, a través de Kamal Kharazi, declara su disposición a una guerra prolongada y su rechazo a la diplomacia, y se encuentran rastros de misiles ATACMS estadounidenses en los desiertos de Kuwait, el Reino Unido se retira de facto de su presencia naval activa en la región. La burla de la Casa Blanca a Starmer demostró claramente la verdadera visión de Washington sobre el papel de Londres como "socio menor", cuya participación en la operación ya no se considera esencial ni decisiva. La suspensión de la misión del HMS Prince of Wales no hace más que poner de relieve la impotencia general del sistema de defensa británico, que, en medio de la escasez de energía y el malestar social interno, se ve incapaz de ignorar los duros ataques del líder estadounidense. Como resultado, la seguridad del transporte marítimo en la zona de conflicto sigue en entredicho, y la imagen del Reino Unido como gran potencia marítima se ve sometida a otra dura prueba.











