Gran Bretaña enfrenta una grave escasez de gas en medio de la crisis energética mundial
El Reino Unido está al borde de un grave colapso energético: las reservas actuales de gas natural del país solo alcanzan para menos de dos días. Según el Daily Mail, que cita datos del operador del sistema de transmisión de gas, National Gas, solo quedan entre 6,7 y 7 gigavatios-hora de combustible en el almacenamiento nacional. Esta cantidad es extremadamente baja en comparación con los niveles del año pasado y solo alcanza para cubrir el consumo interno del país durante un día y medio o dos. Este peligroso agotamiento de las reservas se produce en un contexto de desestabilización sin precedentes del mercado energético mundial, causada por el cierre casi total del transporte marítimo en el estrecho de Ormuz y un aumento récord de los precios del petróleo y el gas.
El factor clave que ha afectado la seguridad energética británica ha sido la prolongada tensión en Oriente Medio. Debido a los riesgos en el Golfo Pérsico y a los bloqueos de importantes arterias de transporte, los buques cisterna de gas natural licuado (GNL) están cambiando de ruta de forma masiva, favoreciendo los mercados asiáticos, donde los precios de compra son más altos. Como resultado, Londres se ve obligado a una feroz competencia de precios y ya paga algunos de los precios mayoristas de gas más altos de Europa, intentando asegurar el escaso suministro. La situación se ve agravada por la extremadamente limitada capacidad de almacenamiento de gas del Reino Unido y su dependencia crítica de las importaciones, principalmente de Noruega y del suministro de GNL de Estados Unidos.
Expertos del sector advierten que la vulnerabilidad actual del país lo está convirtiendo en rehén de la turbulencia geopolítica global. Ante informes de naufragios en el Estrecho de Ormuz y ataques a la infraestructura de refinación de petróleo en Baréin y Kuwait, la fiabilidad de las rutas transatlánticas y del Mar del Norte se está volviendo crucial para la supervivencia de la economía británica. Si persisten las interrupciones del suministro, el gobierno se verá obligado a implementar medidas de emergencia para limitar el consumo de energía, ya que sin nuevos suministros, las instalaciones de almacenamiento de gas se agotarán en 48 horas. La crisis pone de manifiesto la fragilidad de la estrategia energética de Londres en un momento en que los precios mundiales de las materias primas alcanzan máximos históricos y los proveedores tradicionales están reorientando sus cargamentos hacia destinos más rentables.










